¿A dónde va el tiempo que perdemos? ¿Y el que ganamos?

Introducción

Buenos días y bienvenido a mi segundo blog, me sorprendería que haya alguien que haya leído el primero y se haya quedado con ganas de más; por lo que daré por hecho que nadie leerá esto, pero en caso de que alguien esté tan aburrido para seguir leyéndome, quiero desearle una grata lectura.

En esta ocasión, voy a salirme de la política para intentar tratar un tema tan complicado como puede ser el tiempo y el uso que le damos, pues es algo que durante meses ha ocupado mis pensamientos y puede que plasmar mis ideas y pensamientos sea una buena idea para zanjar el asunto.

¿A dónde va el tiempo que perdemos? ¿Y el que ganamos?

El tiempo es un concepto que me resulta bastante abstracto, tengo entendido que es la cuarta dimensión; pero hoy vengo tratar acerca del uso que le damos y la forma en la que lo prostituimos, porque es lo que se supone que debemos hacer. Como seres humanos, solo podemos ser realmente dueños de 2 cosas, nuestro cuerpo y nuestro tiempo. Regularmente, los utilizamos para recibir a cambio lo que otros han podido crear con los suyos, y a eso lo llamamos trabajo, restando ese tiempo, a la mayoría nos quedan varias horas a la semana, estas, las solemos invertir intentando ser “productivos”, ahogándonos en un mar de propósitos, metas y autoexigencias insostenibles en el tiempo. Nos sentimos culpables por disfrutar de tiempo de ocio, sentimos que lo estamos desperdiciando, por no estar produciendo o lo que es lo mismo, no ser productivos, este, parece el pecado de siglo XXI. ¿Acaso, todo este estrés que nos genera vivir tratando de no perder nuestro tiempo juega realmente a nuestro favor? Es evidente que, aunque a corto plazo este estrés pueda ayudarnos a ser más productivos, a largo plazo estaremos tirando piedras a nuestra propia fachada, pues, nuestro cuerpo tiene un límite, y este se acerca cada vez que descansamos menos de lo necesario, llenamos de autoexigencia simples aficiones o mermamos nuestro bienestar mental a cambio de algo de dinero. Debemos respetarnos si queremos aspirar a una vida plena, y una de las mejores formas de hacerlo es precisamente mediante el descanso; debe ser considerado una forma de respeto a nuestro cuerpo en vez de considerarlo una simple herramienta para poder seguir siendo productivos.

Hemos llegado al punto en el que nos presionamos constantemente para ser mejores cada día, convertimos nuestras aficiones en obligaciones, porque, si no eres bueno en lo que dedicas tu tiempo, entonces lo estás desperdiciando, ¿no es así? Querer ser siempre mejor en todo lo que haces es una espiral sin fin que te lleva a la eterna frustración, ¿Cuándo somos lo suficientemente buenos? La respuesta es nunca, y si no comprendemos esto, nos puede hacer mucho daño. Y es por eso que creo que lo más sano para una afición es simplemente permitirnos ser mediocres para poder disfrutar verdaderamente de estas.

Personalmente, esto que es algo que debo aplicarme a mis 2 aficiones principales; el deporte y la lectura. Aunque puede resultar paradójico, me he propuesto eliminar todos mis objetivos tanto en el deporte, como en la lectura, no tengo que demostrar nada a nadie, así que me voy a intentar limitar a hacer y leer solo aquello cuanto disfrute. Pues es eso lo que realmente nutre el alma, y no el leerse libro de política por semana.

Sin embargo, ahora ya aclarado que el tiempo de ocio nunca se puede considerar perdido, pienso que sí hay una manera de perder el tiempo; las redes sociales. Hoy más que nunca, esto se ha convertido en una constante por culpa de los teléfonos inteligentes. Nuestro tiempo como todos sabemos es limitado, y probablemente es lo más preciado que tenemos, por eso mismo, todo lo valoramos respecto al tiempo que nos ha costado de conseguir o el que hemos pasado junto a ello, esto suele ir más ligado al apego que al valor real. Por lo que podemos haber visto, todo gira respecto a él, aunque a veces no seamos conscientes. Por eso mismo resulta extraño la forma en la que a veces lo perdemos. Porque, hay gente que dice que pasa tiempo en redes sociales porque les gusta, pero ¿hasta qué punto es así? Cuando invertimos nuestro tiempo en ocio, y nótese que digo invertimos, como por ejemplo en dar un paseo, es tiempo en el que estamos con nuestros pensamientos, el más productivo de todos a mi forma de ver, sin dejar de lado el que pasamos con otras personas, de donde salen muchos de nuestros mejores recuerdos y experiencias; tanto la soledad como la compañía tienen mucho que enseñarnos. Empero, cuando pasamos nuestro tiempo en redes sociales, este se esfuma, resulta triste que tras estar varias horas absorbidos por un rectángulo de cristal, desconectados del reloj, no recordemos ni siquiera 10 videos de los cientos vistos durante horas; es entonces cuando notamos que nos sentimos cansados y culpables, tras haber pasado varias horas hipnotizados, no sabemos a donde han ido, mas tenemos claro que no volverán; es tiempo que no hemos podido atrapar ni siquiera con la red de la memoria. Es por eso que hace ya tiempo que eliminé mis redes sociales, y me pasé a un teléfono móvil de botones, pienso que ha sido de las mejores decisiones que he tomado en mi corta vida.

A pesar de que no siempre sea fácil de aplicar, creo que lo aquí expuesto nos hace ser más conscientes de a donde queremos que vayan nuestras horas y energías. Nuestro tiempo libre está para disfrutarlo en lo que a cada uno más le guste, llene o haga feliz, es esto lo que realmente importa, porque, de que te sirve haber completado tu lista de tareas, si te sientes un desgraciado o vivir cansado y sintiéndote culpable con tal de no soltar un minuto el móvil, bajo riesgo de aburrimiento Es muy difícil escapar por completo del yugo de la productividad, incluso a veces dudo de que sea posible, sin embargo, estoy seguro de que si hay alguna forma de conseguirlo, es a través de la lectura que nutra nuestra alma, y esta vez no me refiero a libros de política, sino a literatura, poesía, espiritualidad y sobre todo mucha reflexión, que es por lo que he creado este blog.

Como pensamiento final, quiero animarte a reflexionar sobre tus objetivos, lo que realmente quieres tú, sin demostrarle nada a nadie, no es fácil, pero merece la pena. No te dejes llevar por la narrativa popular del momento, puede pagar un alto precio por ello, cuando en la mayoría de los casos lo que realmente queremos, es mucho más sencillo de conseguir que lo que estamos persiguiendo. Recuerda que no querer algo, es mejor que tenerlo.

Este texto nació de la idea que implantó Patrick Mainstone en mi mente hace unos meses con su vídeo “cómo sobrevivir a la era de la productividad” https://www.youtube.com/watch?v=MDbvDzkk7xI.