·

Tienen razón

Recientemente, he estado reflexionando sobre la intolerancia y sus orígenes. Todo gira a raíz de que una persona me dijera que, si alguien era de ideología contraria a la suya, fuera quien fuera, le caería peor. Le parecía mala persona. Esto me chocó. Siempre he sido de los que piensan que somos lo que hacemos, no lo que decimos. Me contraargumentaron que esa gente vota, por lo que transforman lo que dicen y piensan en un acto, un acto con consecuencias. Este argumento, a pesar de ser cierto, no me convenció.

Disfruto conversando con gente leída, sean rojos o azules. Se aprende mucho de cualquiera, especialmente si no piensa como nosotros.

Una de mis teorías es que el 99% de la gente es buena persona. Esto se debe a que todo el mundo quiere ser apreciado y valorado; para ello, debemos necesariamente tratar de ser buenos. Adam Smith explicaba que rendimos cuentas a nuestro espectador imparcial¹. Ese que todos tenemos dentro del pecho. Esto me llevó a pensar que la gente no suele tener mala fe, por lo menos de primeras.

Considero que respetar y entender un pensamiento que no compartimos designa inteligencia y civismo. Y no solo entender, también adoptaro opiniones que no teníamos, cambiar de opinión mil veces, decir, desdecir lo dicho, son los más claros signos de avance y evolución.  De lo contrario nos estancaríamos.

Pero, una vez expuesta mi postura, mantengo la misma duda: ¿de dónde surge esta intolerancia?

Es una respuesta que me cuesta, pues no entiendo el origen del problema, pero la diseccionaré para tratar de entender .

Lo primero que me viene a la cabeza es la sobreidentificación de las ideas. Una persona que ha construido una personalidad sobre una base de ideas, con más o menos fundamento, identifica sus ideas como suyas. Esto les lleva a interpretar un ataque a la ideología como algo personal. Me da lástima que haya gente que llegue hasta esos puntos. Dificulta el intercambio de ideas. Y te cierra muchas puertas. Esta, si se me permite decirlo, es una condición que he observado más en personas de izquierdas.

Creo que las ideas deben ser tratadas como un estado y no como parte del ser. En vez de ser socialistas, deberíamos estarlo. Lo facilitaría todo.

Otra posible causa que se suma es el hecho de saber que se tiene la razón. Cuando uno mantiene un debate y no sospecha que el otro pueda tener razón, está malgastando aliento. Creo que siempre hay que darle ese beneficio a la duda. Este concepto es extrapolable a todo, incluidas las acciones. Me explico. Cuando alguien hace algo que está mal, solemos pensar que se está equivocando, pero aunque a nuestros ojos pueda verse así, esa persona en realidad tiene razón. Su razón. Y antes de criticar, deberíamos entender, o por lo menos tratar de entender (pues no siempre disponemos de la información necesaria para esta complicada tarea).

Esta es una herramienta valiosísima porque, aunque sigas pensando que el otro ha errado, sabes que tiene razón, y eso impide que te enfades con nadie, es la vacuna contra la intolerancia. Porque no se puede enfadar uno con alguien a quien entiende.

Por eso, cuando pienses que alguien es mala persona por ser de derechas o estúpido por ser rojo, recuerda que tiene razón, y pasa a medir su valía por sus actos y no por su ideología. Pues un acto vale más que mil palabras.

Anexo: He disfrutado mucho redactando este blog, ha habido cierta involución el tema de la estructura, pues parece que vaya a peor, pero no me importa. Este blog ha sido escrito a lápiz, ha sido el primero, lo he escrito en clase y la biblioteca. He de confesar que el que me lo ha pasado a digital ha sido ChatGPT, me ha ahorrado una buena transcripción. Pero he de decir que no ha modificado ni un punto.

  1. La teoría de los sentimientos morales, Adam Smith.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *